Recuerdos de un día soleado y cálido


Me encanta esa sensación, cuando el sol lo ilumina todo,
me recuerda a mi niñez,
sentada en la cera delante de casa, viendo como la tarde
iba desapareciendo, y el sol se quería resguardar en la montaña,
una montaña repleta de eucaliptos, y al mismo tiempo, una brisa
cargada de salitre y humedad inundaba las calles.
Asomabas tu cabeza por la ventana, mientras las voces de unos niños jugando eran la única melodía de la calle. Las farolas habían comenzado a iluminar las callejuelas, y el sol dejaba a su paso estelas anaranjadas al pie de la costa, con pequeñas pinceladas de rojo fuego que hacían pensar en el nuevo despertar del siguiente amanecer.

Pronuncias mi nombre y me giro, la cena está esperando mi llegada, y asiento con mi cabeza, mientras me despido de mis amigos de juego, corriendo sin tomar aliento hacia casa, hacia el hogar.

Hoy tengo recuerdos de aquellos años, de aquellas aventuras infantiles donde los días parecían tener un montón de tiempo por delante y donde el reloj nunca tenía la importancia que tiene ahora. Donde las tardes eran tranquilas y llenas de juegos por compartir y experiencias por vivir.

Recuerdos de una infancia feliz, recuerdos de otros tiempos.

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