a Él...


Sonido continuo, combatir constante,
tic tac, tic tac,
un murmullo de vida,
una melodía perfecta.

Parte inmensa de uno mismo,
enriquecida con la edad,
adornada con cicatrices,
morados y partes que crecen
por primera vez.



Quien no lo escucha,
se siente perdido,
desorientado, sin esa comunicación
sin los mensajes que te manda,
sin remitente, que te muestran
tu verdadera identidad,
tu yo más intimo.


Mi persona vive atada a su sonido,
a sus quejas a sus deseos,
yo no soy nada sin su golpeo en mi pecho,
sin su estremiciento cuando le tocan,
es lo que me hace estar viva,
ser lo que soy.


Él también se equivoca, tropieza,
y se desilusiona, pero eso forma
parte de la vida. Él siempre es fiel,
siempre me cuida y es sincero,
de realidad aplastante.


Me gusta la música que desprende,
el calor que me da,
el arropo que siento dentro de mi,
y me gusta que sienta, que se confunda,
que se golpeé porque yo,
de esa manera crezco con él,
y aprendemos a vivir juntos.

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