La muchacha triste (I)


Una habitación vacía, con una luz ténue que llena el sitio de claros oscuros, una chica está sentada en la mitad de la estancia, con los brazos rodeando sus piernas, simulando una cadena fuerte que rodea su cuerpo, pero que no significa prisión ni obligación si no seguridad y protección.
Su cara está blanca inmaculada, y los ojos los tiene enrojecidos e hinchados. Su cabeza permanece quieta apoyada en sus rodillas, reposando pensamientos, murmullos internos, recuerdos dolorosos.
No quiere salir de allí, de su letargo, de su recreamiento de sensaciones, aunque sabe que es insano, que debe levantarse, que debe salir de allí lo más rapido posible, porque cuanto más tiempo permanezca allí, más tardará en salir, más costoso le resultará. Intenta ordenar a su cuerpo que se levante, que haga un leve movimiento, que intente deslizarse por el suelo, pero se queda allí, solitaria, inmóvil sin poder moverse sin tener ganas de ello y con el corazón demasiado débil.
Ya han pasado tres días, y la muchacha permanece en la estancia en la misma posición, impasible ante los días, su tiempo se ha detenido, no es capaz de afrontar su nueva situación, y se desvanece en un mundo gris, oscuro y triste. Pero pronto su vida va a cambiar,notará como no todo está perdido, como se pueden encontrar luces en el túnel, como no todo tiene porque ser como ella lo ve. Alguien le hará ver las cosas desde otro prisma desde otra realidad.

Realidades



Días pasados que se juntan como papeles apilados sobre la mesa, que apenas tienen peso pero que se convierten en algo importante cuando se juntan con otros, y tienen más peso.

Las nuevas situaciones no son fáciles de asumir. La realidad se vuelve pesada y mi alma no quiere hacerse cargo, como si quisiera rejuvenecer, no tener madurez no querer afrontar las novedades. Como cuando un niño pequeño es sacado de su rutina, de las cosas que le hacen sentir bien, de las piezas que forman su serenidad y que le protegen. De alguna manera, esta persona se siente diminuta, insignificante.

Los días pasan más rápido de lo que puedo llegar a comprender, de lo que me gustaría, las horas parecen minutos y todo corre deprisa a mi alrededor.
Mi alma no se siente con fuerzas aún, su envoltorio no ha dejado de mudarse, no ha dejado de dejar caer esas pieles que necesita expulsar que necesita se caigan y renazcan de nuevo.
El desinterés no es una de sus cualidades, debe estar presente en las cosas importantes y en las nimiedades. Dando luz a lo oscuro y dando oscuridad a lo demasiado claro. Complementando en algo, haciendo de balanza para que las cosas no estén tan descompensadas, tan desbaratadas tan ausentes...