Realidades



Días pasados que se juntan como papeles apilados sobre la mesa, que apenas tienen peso pero que se convierten en algo importante cuando se juntan con otros, y tienen más peso.

Las nuevas situaciones no son fáciles de asumir. La realidad se vuelve pesada y mi alma no quiere hacerse cargo, como si quisiera rejuvenecer, no tener madurez no querer afrontar las novedades. Como cuando un niño pequeño es sacado de su rutina, de las cosas que le hacen sentir bien, de las piezas que forman su serenidad y que le protegen. De alguna manera, esta persona se siente diminuta, insignificante.

Los días pasan más rápido de lo que puedo llegar a comprender, de lo que me gustaría, las horas parecen minutos y todo corre deprisa a mi alrededor.
Mi alma no se siente con fuerzas aún, su envoltorio no ha dejado de mudarse, no ha dejado de dejar caer esas pieles que necesita expulsar que necesita se caigan y renazcan de nuevo.
El desinterés no es una de sus cualidades, debe estar presente en las cosas importantes y en las nimiedades. Dando luz a lo oscuro y dando oscuridad a lo demasiado claro. Complementando en algo, haciendo de balanza para que las cosas no estén tan descompensadas, tan desbaratadas tan ausentes...

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