La muchacha triste (I)


Una habitación vacía, con una luz ténue que llena el sitio de claros oscuros, una chica está sentada en la mitad de la estancia, con los brazos rodeando sus piernas, simulando una cadena fuerte que rodea su cuerpo, pero que no significa prisión ni obligación si no seguridad y protección.
Su cara está blanca inmaculada, y los ojos los tiene enrojecidos e hinchados. Su cabeza permanece quieta apoyada en sus rodillas, reposando pensamientos, murmullos internos, recuerdos dolorosos.
No quiere salir de allí, de su letargo, de su recreamiento de sensaciones, aunque sabe que es insano, que debe levantarse, que debe salir de allí lo más rapido posible, porque cuanto más tiempo permanezca allí, más tardará en salir, más costoso le resultará. Intenta ordenar a su cuerpo que se levante, que haga un leve movimiento, que intente deslizarse por el suelo, pero se queda allí, solitaria, inmóvil sin poder moverse sin tener ganas de ello y con el corazón demasiado débil.
Ya han pasado tres días, y la muchacha permanece en la estancia en la misma posición, impasible ante los días, su tiempo se ha detenido, no es capaz de afrontar su nueva situación, y se desvanece en un mundo gris, oscuro y triste. Pero pronto su vida va a cambiar,notará como no todo está perdido, como se pueden encontrar luces en el túnel, como no todo tiene porque ser como ella lo ve. Alguien le hará ver las cosas desde otro prisma desde otra realidad.

2 comentarios:

Paula y Manuel dijo...

Buenas, muy buen blog! Felicitaciones!!!

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Gracias por tu valioso tiempo!!!

Paula y Manuel
www.elmacarronsolidario.blogspot.com

Deprisa dijo...

Aunque igual se da cuenta de que la única persona que puede ver las cosas de otra manera es ella misma.

Muchas veces sucede que cuando estamos tristes buscamos consuelo en otros brazos, apoyos externos, cuando lo que de verdad necesitamos es volver a confiar en nosotros mismos.

Deberían declarar un día anual de la autoestima :-)

Un saludo.