Pensamientos en papel

Foto de encespaico

A veces te sientas en frente de un trozo de papel, o delante del ordenador, con la mente repleta de pensamientos, pensando en sabe Dios que cosas, y al final acabas relatando los más intimos sentimientos, las partes más cercanas a tus entrañas.

La escritura dicen, sirve muchas veces como terapia, cuando pasas por una mala época o simplemente cuando tienes tantas cosas que contar, que lanzarlo al cielo inmenso te sirve como única salida de emergencia.

Hay algunos que creen, que escribir sobre lo que te ocurre sobre las cosas que te pasan, lo que te preocupa o sobre los sentimientos, tendría que formar parte de uno mismo y no dejarlo ver la luz.

Yo no opino lo mismo, para mi escribir forma parte de mi vida, yo creo que lo llevo haciendo desde que era una adolescente, con el típico diario con candado que te regalaban en algún cumpleaños, que llevaba con él un perfume extraño pero que te encantaba.

Al principio, relatas tus vivencias, fiestas, cotilleos, temores adolescentes y amores como no eso yo creo formó parte de mi desde que llegué a este mundo.

Y luego, se convirtió en otro tipo de escritura. El escribir me concede una visión de mi misma, de lo que me ocurre o de lo que estoy viviendo en el momento en el que pierdo la noción del tiempo, mi entorno deja de existir y mis dedos o mi mano se mueven rapidos para comenzar a escribir.

No soy una persona, que le guste contarle al resto del mundo las cosas importantes, me refiero a las que conllevan dificultades, o son duras, porque no me gusta la compasión aunque a veces es necesaria como seres humanos. El otro día pensando sobre mi misma, me di cuenta de que nunca me he dejado caer. Me lo habían dicho hace unos años pero hasta hace poco no he sabido el verdadero mensaje que conllevaba esa frase.

He pasado por malos momentos como mucha gente, y nunca me he dejado vencer, pero no por sentirme inferior, vulnerable o excesivamente sensible, simplemente porque no lo he tenido en cuenta. No me he parado a pensar que lo más humano sería dejarse llevar por un tiempo y dejar de querer controlarlo todo tanto.

Y si hay una frase que me defina es esa, nunca me dejo caer, y eso no es bueno porque siempre pareces estar de pie fuerte y estable, cuando realmente estás hundida, sobre el suelo y sin ganas de levantarte.

Por esto, me gusta escribir, porque con ello logro conocerme mejor y soy capaz de pararme a ver las cosas desde otro punto de vista, dejando que sea mi válvula de escape, que sea el vehículo que me lleva por el camino de la serenidad y la tranquilidad.

Amor residente


Foto de: viiveunaa1viida



Telarañas del alma, que recubren mi sentir, que aminoran sus latidos, que protegen sus heridas.
Recuperando el ritmo de las cosas, del viene y va, las cosas buenas de la vida, ahora recobran sentido y vuelven a ser tan buenas como lo eran antes, pero hay días en los que las telarañas de mi corazón se abren, dejan paso al aire que hace que las cicatrices de nuevo sientan ese resquemor, ese ardor que deja ver lo pasado pero que ya ha calmado y deja paso al presente.
La necesidad de una llamada, de una caricia o de un buen consejo se siguen echando de menos. El recuerdo se ha vuelto más calmado, más tranquilo y menos doloroso, pero sigue siendo triste. Y no creo que se pueda cambiar en los tiempos venideros, siempre viviré ese recuerdo de la misma manera.
Minutos en los que te recuerdo, en los que te anhelo en los que te pienso.
Siempre en el alma, escondido reside tu amor, nunca me abandona y me hace ser como soy cada día un poco más parecida a ti.
Foto de: viiveunaa1viida