Crecer

El sol acababa de despertarse, y sus rayos naranjas se iban abriendo paso entre la montaña, poblada de eucaliptos. Al bajar las escaleras, la luz del día entraba por las ventanas divididas en pequeños cuadrados, y el silencio de la hora temprana estaba muy presente.

El nerviosismo inundaba a aquella niña de tan solo 9 años que por primera vez, se iba a pasar unos días fuera de casa, sin saber muy bien que conllevaría eso, y sin saber nada de como era la vida sin la protección de unos padres siempre presentes y siempre atentos.

Tras la llegada de aquel viaje, que tuvo un final prematuro, una sorpresa aguardaba a la niña, era una enorme bicicleta rosa y blanca, la niña no pensaba en otra cosa más que salir a dar un paseo a la mañana siguiente con su nueva bici, y lo logró, permaneciendo este recuerdo con la imagen grabada en el corazón de aquella niña que un día se hizo mayor.

Esa misma niña, paseaba por las calles de aquel pueblo, con tradición marinera, envuelto con gentes peculiares que hacian de aquel lugar algo único. Caminatas acompañada de amigas y familia, subiendo a pasear a la Calea, llegar hasta el Arrabal, aproximarse al Pico y regresar por la Bajamar hasta el Barrio Chino.

Al salir de casa, y desplazarse varias manzanas, ya se sentía en el pecho la nostalgia por el barrio, el anhelo de la calle de siempre de la zona de siempre, donde esta niña se sentía segura, donde con tan solo alzar la voz cualquier persona se asomaría a sus ventanas y balcones para ver como los niños de antes jugaban al escondite, a los "clis" (playmobil) en la casona naranja que era el centro de juegos para todos aquellos niños que vivían su infancia allí.

Poco a poco la niña se va haciendo un poco mayor, y puede desplazarse aún más lejos. Puede visitar "el parque" (la plaza del pueblo), jugar las cálidas noches de verano al pañuelo, al bandidaje, al rescate, a la goma...

Infancias donde la inocencia se daba por sentada y el respeto y la admiración por los chicos un poco mayores que tú te hacían imaginar, como sería tu adolescencia que tan lejana veías.

La niña debe crecer aunque no quiera, y los años pasan, las distancias que antes parecína mundos ya no lo son, los viajes que tanta ilusión le hacían a la Villa, a comprar ropa nueva, libros o calzado, ya son algo cotidiano, y cambia sus muñecas por maquillaje, pendientes y pulseras, playeros por zapatos de tacón, y mochilas por bolsos.

En ocasiones la niña, que ahora tiene apariencia de mujer, echa la mirada atrás y recuerda esos mágicos momentos, donde todo parecía eterno, donde un mes era algo largo por recorrer, y donde todo estaba en orden, y nada alteraba las cosas.

Esa tranquilidad forma parte de nuestra niñez, cuando los problemas mayores son saber a que hora meriendas o a que hora vamos a ir a la playa, ojalá todas las infancias sean así, cargadas de amor, inocencia y juegos por compartir.




Autor: Norae Lebowski

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