EL OLVIDO

Autor: Silvia Moura

Como me gustaría llevar al olvido los recuerdos e imágenes que por momentos llegan a mi mente y me hacen daño.
Recordar es lo que tiene, mantener tu mente enfrascada en una especie de sueño reviviendo momentos pasados que no te llevan a ningún sitio y tan solo te hacen dar vueltas y vueltas alrededor de un mismo hecho, de una misma experiencia.
Sueño involuntario que hace que a veces te entristezcas viendo que las cosas no son como lo eran antes o comprobando que ya nada podrá ser como era, que todo se ha perdido en el intento.

A veces, pienso que somos en cierta manera malos con nosotros mismos, nos empeñamos en mantener en nuestra alma y en nuestra cabeza cosas que hacen daño y que por mucho que pase el tiempo seguirán ahí, con menos intensidad, quizás con menos claridad pero igual de duros y dejarán huella, una huella imborrable que nadie podrá curar que nadie podrá borrar para siempre.

Muchos de nosotros, nos ponemos la máscara de está todo controlado, todo va bien cuando tenemos problemas, cuando las cosas no van como queremos y a veces nos sentimos indefensos ante las circunstancias, pero sabemos bien que en los momentos de soledad, cuando nadie nos vigila y no nos sentimos observados por nadie sabemos como estamos, una herida profunda no se puede disimular ante nosotros mismos. No entiendo muy bien tampoco porque hacemos que el mundo piense que estamos bien cuando no lo estamos del todo, supongo que es para no preocupar a la gente querida y para que de alguna manera nos sirva a nosotros mismos como repulsivo para proseguir la marcha, sin mirar atrás sin que las tristezas nos paralicen o nos hagan quedarnos inmóviles.

Es duro olvidar y es tan fácil recordar… El recuerdo es como una caja inmensa de cartón donde se guardan pequeños detalles, frases importantes, canciones significativas, momentos especiales, fechas claves… y durante mucho tiempo hemos alimentado todas estas cosas hasta llegar a recopilar tanto que la caja apenas cierra, ahora es momento de cerrarla fuerte y hacer que ocupe una de las estanterías de nuestra alma, lo suficientemente alejada para no verla todos los días y situada la mitad en el olvido y la otra en la serenidad.
Arduo e imposible trabajo el de olvidar, porque nunca se hace del todo, vivimos con los recuerdos aunque alejados del día a día y guardados en una parte importante de nuestra existencia.

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