SUBIR




¿Cómo hacer para protegerte y no dañarte nunca más?... no tengo la respuesta ni la cura para cuando las cosas te afectan o te duelen. No todo tiene una simple explicación. A veces las cosas son muchos más complicadas y nos metemos en callejones sin salida, caminos que se convierten en eternos laberintos y que no nos dejan salir y tan solo nos pasamos el tiempo dando vueltas y más vueltas.



Las cosas difíciles están ahí para ser superadas y afrontadas. Una cuesta empinada formada por distintos tipos de terreno, desde el más resbaladizo con una capa de hielo transparente apenas imperceptible para ti, pero que el momento en el que lo pisas tan solo te hace caerte, tropezarte y retroceder al punto de partida, hasta las llanuras en las que se aprovecha el empuje para avanzar, coger fuerza e incluso darse el lujo de en muchas ocasiones correr. Hay pequeñas colinas que superar, aguaceros de los que protegerse y días soleados donde tan solo te apetece caminar sin cesar y alejarte de todo lo pasado.



En esta existencia que a veces me parece tan efímera, todos los días son una lucha constante para ser capaces de hacer las cosas de forma correcta, mostrar la verdadera naturaleza de lo que se lleva en el interior de uno mismo. Lo malo de esto es que, muchas veces las personas nos equivocamos y mostramos demasiado de nosotros mismos, arriesgándonos por completo a que el dolor nos alcance y dando en muchas ocasiones más de lo que deberíamos.



Con el paso de los años en muchas ocasiones te dirán eso de... con el tiempo aprenderás a protegerte, a no dejar que tu alma sea tan vulnerable ante los golpes, a veces lo dudo mucho. Creo en la esencia de la persona y pienso que cada uno nace con una forma de llevar a cabo las cosas, pero me queda una lección por aprender: dar solo lo necesario, ser capaz de esperar que siembren en mi para que luego yo pueda dar la cosecha. Muchas veces me olvido de eso y cuando voy a recoger yo mi cosecha me encuentro con que o bien la tierra donde he arado y trabajado se ha quedado seca y no tengo frutos o que la tierra en la que he plantado mis sentimientos no es la adecuada y no me aporta lo que tanto anhelaba.



A veces, viene bien recapacitar, sentarse y ser capaz de mirar las cosas desde la distancia. Mirando en el espejo, pero desdoblando tu propia imagen.
Nadie es perfecto, en ello reside la maravilla del ser humano, pero ojalá la bondad sea valorada de la forma que se merece y sea guardada como el tesoro que es.

Para el 19 de Junio de 2.011



(Este texto va adelantado en el tiempo, porque para la fecha en la que tenía que estar publicado no tendré acceso a internet asi que... ahí va mi pequeño y humilde homenaje para una de las personas más importantes de mi vida, que aunque no está conmigo fisícamente, no la pueda tocar, escuchar ni acariciar nunca me abandona.)





¡Hola guelita!, te escribo esta carta para saber como están las cosas por ese mundo en el que ahora resides, desde el que no te puedo ver, ni tener a mi lado. Ya ha pasado un año desde tu partida, aquel día de Junio en que mi mente no estaba para nada centrada en ti y por siempre me quedará ese sensación junto a mi, de no haber podido estar contigo como quisiera, pero en aquellos precisos momentos mi vida estaba patas arriba. Un vendaval había irrumpido haciendo tambalear mis cimientos y por aquellos días estaba recogiendo pedazos y pedazos de cosas que se habían roto debido al golpe.


Espero que nunca me lo tengas en cuenta pero la situación me superaba por completo y saber que te estaba perdiendo no podía ser asimilado por aquella alma que permanecía dentro de mi inerte, viendo pasar los días junto a ti, sin poder darte todo porque yo no tenía fuerzas ni tan siquiera para mi misma.


La última vez que te vi se me ha quedado grabada para el recuerdo y yo tan solo quería y deseaba que dejaras de sufrir ya, porque tu final cada vez se aproximaba más y no quería que nada te doliera más. Tu final me rompía por la mitad, me estaba destrozando pero el verte mal era mucho peor.


Te fuiste de nuestro lado, pero como me pasó años atrás con mamá, no has dejado de estar conmigo y te siento muchas veces y no sabes lo importante que es eso para mi.


Muchas veces converso contigo, te canto mis alegrías y también te lloro todas mis penas, mis heridas y después de hacerlo, siento que una paz me inunda, me llena un enorme sosiego que no soy capaz de explicar.


Cuando te pienso, me vienen imágenes muy tiernas de cuando compartíamos tantas cosas juntas. Recuerdo el brillo de tus ojos al mirarme y el amor tan inmeso que siempre me profesaste. Quiero que sepas que yo te quise en vida, pero creo que te estoy queriendo aún más después de que te hayas ido de mi lado.


Me quedo con tu forma de ser, con tu valentía y fuerza para enfrentar las cosas y eso abuela, sabes que muchas veces es lo que te pido, que me mandes un poco de tu fuerza esa que siempre tuviste para mi, cuando veo que no puedo con todo o cuando subestimo mis propias fuerzas.


¡Te echo tanto en falta!, pero se que estás donde deberías y que por lo menos estás descansando como siempre te mereciste. ¡Te amo abuela, nunca te olvidaré y espero que tú tampoco a mi!

Llegada a la meta

Caminas muchas veces sin tener ganas, como por inercia, porque en muchas ocasiones el mismo transitar de la vida te hace seguir arrastrando tus pies aunque a veces éstos no tengan fuerzas para levantarse y poder proseguir. A veces los pasos son ligeros e incluso acompasados y seguir en tu camino es una nueva oportunidad, un nuevo horizonte donde las cosas toman otro color y donde por fin te sientes bien contigo misma, sin reproches y donde el valor que te das es lo más gratificante y bueno que puedes tener.


Lo malo de este caminar continuo es cuando sin quererlo ni por un instante te pierdes y escoges sendas que no te llevan a ningún destino en concreto, que tan solo son transitadas durante tiempo con esfuerzo y dedicación continua pero que no tienen salida. Pasas tiempo encerrada en ese callejón sin salida del que quieres escapar a toda costa, pero la pared que forma parte del final está aún alta para saltarla y necesitas pasar tiempo ahí, esperando poder saltarla para abandonar el errado sendero escogido.


El momento de dejar ese sendero llega y a veces aunque duela se debe dejar atrás, porque tan solo te reporta dolor y no te da absolutamente nada.


He llegado a la meta y por fin puedo decir se acabó seguir parada en un sendero sin salida.


El valor de uno mismo reside en el interior y a veces no nos damos cuenta que no somos más fuertes por tener a nuestro lado gente que nos importe si no, que hay momentos en que las nubes se despejan de tu mente cuando te sientes en soledad y eres capaz de saber que tan solo queriéndote a ti mismo eres realmente feliz.


Ya estoy en campo abierto, por el momento camino sin ninguna dirección, en paz y serena con todo. Alomejor cuando menos me lo espere aparece una senda en este camino que me llame la atención, que tenga algo que me inquiete y decida tomarla, todo sin prisa y con calma.


De momento camino despacito y con cautela, dejando que mis pies se curen del todo y mis piernas vuelvan a tener fuerza.

Nunca me arrepiento de los senderos que escojo pero he de decir que si me lamento de haber escogido una senda que tan poco me ha aportado, ¡Cosas del caminante! ¡Qué se le va a hacer!, debes adentrarte en cada senda para saber como es su paisaje a que lugares te lleva o si realmente es la correcta para ti.


No sirve de nada caminar sin propósitos ni malgastar tus energías en algo que no tiene sentido y que no es para ti. Moraleja: ¡Valórate y quiérete a ti mismo/a porque así tan solo encontrarás tu felicidad! y aunque duela vale siempre más saber la verdad para poder ver las cosas como realmente son.





Autor: Rodrigo Vakovi



Mientras duermen




Mientras duermen, las calles se convierten en el lugar de recreo de los gatos. Todos ellos de distintos colores, recorren un muro medio en ruinas, saltan ágiles entre la maleza e investigan en busca de algún resto de comida humana que alguien les haya dejado como recompensa para poder alimentarse.



Mientras duermen, algunos todavía no lo hacen, recogen sus enseres, planifican el nuevo día y revolotean por la casa como si la noche no hubiera hecho acto de presencia, como si tan solo fuera un cambio de paisaje en su día, sin indicar que el trabajo debe cesar y que llega el tiempo del descanso.



Mientras duermen, se oye el repicar de las campanas de la iglesia y a lo lejos, las olas también recitan sus poemas e incluso emiten una leve melodía al romper con su llegada a la arena de la playa. Por un momento parece que el tiempo se detiene. Ninguna sombra se deja ver por las calles estrechas, tan solo se pueden escuchar el sonido de los grillos y los susurros que trae consigo la leve brisa de la primavera.



Una luz de una faro a lo lejos, indica que él no tiene descanso en esta noche ni en ninguna. Él no duerme, porque los marineros tampoco lo hacen cuando se acercan a tierra y su misión es avisarles, aguardarles que están cerca de la costa. Para ello, desplega su luz de forma constante con un baile continuo sin final.


Mientras duermen, ya no se escuchan cacharros, faenas realizándose ni televisiones ni música.

Es la hora en la que la noche toma protagonismo y un regalo para alguien como yo el poder disfrutar de su silencio profundo mientras me asomo a mi ventana.







Autor: De cat eats me



Como capas de cebolla

Autor: danka



Por fin todo ha llegado a reposar, tan solo algunas gotas salpican el estanque donde todo está nadando y donde me encuentro con mis más internos sentimientos, anhelos, deseos, recuerdos, imágenes... Todo lo que me forma como mujer.


Quietud y serenidad, ahora la noto durante más tiempo y por momentos me siento muy feliz por lograr la paz y ser capaz de avanzar sin dolores y completamente sanada.



Nos formamos de experiencias de todo tipo, muchas alegres otras regulares y algunas malas, pero puedo decir que lo que no te mata te hace más fuerte y que de todas las cosas se sacan vivencias positivas y se aprende a vivir a revivir las cosas y verlo todo en colores diferentes. Nunca es todo negro ni tampoco blanco. Nos adaptamos a los colores intermedios o las sensaciones medio alegres medio tristes, simples, cotidianas pero llenas de paz y reflexión.



Me imagino que para alguien mucho mayor que yo, con muchos más años vividos pensará que me quedan muchos años y experiencias que vivir para considerar tener ya una capa en mi alma como la de la cebolla. Claro que en la existencia de uno mismo se coleccionan numerosos momentos que hacen enriquecerte y que de alguna manera, se van uniendo como una capa que te envuelve, y eso pasa desde que nacemos formado parte de nuestra existencia.


Una experiencia tras otra, una buena, luego viene otra regular, otra buena, una mala, otra mala... y así sucesivamente.



Un aprendizaje continuo, porque cada día descubrimos nuevas cosas, nos sorprenden con algo diferente y si nos ocurriera que eso no nos sucediera algo raro estaría pasando algo nos estaría diciendo que ya no estamos viviendo como debería ser. También tropezamos y caemos repitiendo errores o comentiendo nuevos que traerán consigo una lección que aprender para hacer que crezcas y avances.



Hoy, mi alma con alguna que otra capa se siente serena y alegre. Ha logrado encontrar muchos momentos su paz y con ello una nueva seguridad.