Llegada a la meta

Caminas muchas veces sin tener ganas, como por inercia, porque en muchas ocasiones el mismo transitar de la vida te hace seguir arrastrando tus pies aunque a veces éstos no tengan fuerzas para levantarse y poder proseguir. A veces los pasos son ligeros e incluso acompasados y seguir en tu camino es una nueva oportunidad, un nuevo horizonte donde las cosas toman otro color y donde por fin te sientes bien contigo misma, sin reproches y donde el valor que te das es lo más gratificante y bueno que puedes tener.


Lo malo de este caminar continuo es cuando sin quererlo ni por un instante te pierdes y escoges sendas que no te llevan a ningún destino en concreto, que tan solo son transitadas durante tiempo con esfuerzo y dedicación continua pero que no tienen salida. Pasas tiempo encerrada en ese callejón sin salida del que quieres escapar a toda costa, pero la pared que forma parte del final está aún alta para saltarla y necesitas pasar tiempo ahí, esperando poder saltarla para abandonar el errado sendero escogido.


El momento de dejar ese sendero llega y a veces aunque duela se debe dejar atrás, porque tan solo te reporta dolor y no te da absolutamente nada.


He llegado a la meta y por fin puedo decir se acabó seguir parada en un sendero sin salida.


El valor de uno mismo reside en el interior y a veces no nos damos cuenta que no somos más fuertes por tener a nuestro lado gente que nos importe si no, que hay momentos en que las nubes se despejan de tu mente cuando te sientes en soledad y eres capaz de saber que tan solo queriéndote a ti mismo eres realmente feliz.


Ya estoy en campo abierto, por el momento camino sin ninguna dirección, en paz y serena con todo. Alomejor cuando menos me lo espere aparece una senda en este camino que me llame la atención, que tenga algo que me inquiete y decida tomarla, todo sin prisa y con calma.


De momento camino despacito y con cautela, dejando que mis pies se curen del todo y mis piernas vuelvan a tener fuerza.

Nunca me arrepiento de los senderos que escojo pero he de decir que si me lamento de haber escogido una senda que tan poco me ha aportado, ¡Cosas del caminante! ¡Qué se le va a hacer!, debes adentrarte en cada senda para saber como es su paisaje a que lugares te lleva o si realmente es la correcta para ti.


No sirve de nada caminar sin propósitos ni malgastar tus energías en algo que no tiene sentido y que no es para ti. Moraleja: ¡Valórate y quiérete a ti mismo/a porque así tan solo encontrarás tu felicidad! y aunque duela vale siempre más saber la verdad para poder ver las cosas como realmente son.





Autor: Rodrigo Vakovi



1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente:Efectivamente como dijo el Santo Pablo la caridad comienza x uno mismo, es mas, creo que el hecho de reconocerte en las corrientes del sentimiento,de las emociones incluso del sufrimiento nos hace mejor personas, es preciso amarse para dar lo mejor de si mismo y asumir que la verdad del amor habita en nosotros cuando nuestros ojos están decorados con arrugas.
atte.Leirbag Adnara