Escudos de mi alma

Autor: Claudio Poblete

Intenté durante mucho tiempo proteger mi alma, con almohadones de plumas, luego lo cubrí todo alrededor con plástico de burbujas y con una capa de cojines de terciopelo. Más tarde la rodeé de un alambre de espinas y un muro alto de roca maciza. Lo hacía para no dejar siquiera un hueco una pequeña rendija para que nadie se pudiera colar y traspasar todas las trabas que yo ponía para acceder a mi más preciado tesoro que es mi alma, en pocas palabras mi yo más íntimo toda mi esencia.

Temía nuevos bombardeos que hicieran más heridas en ella o que las batallas pasadas y sufridas volvieran a hacer acto de presencia.
Con un escudo mantenía mi tesoro, pensaba que de esta manera lo mantenía a salvo de todas las cosas que tanto daño le hacían. Pero al mismo tiempo que la protegía de lo malo, la privaba de probar lo nuevo, verdadero y bueno. Pero por alguna extraña razón, aquellos impedimentos, aquellas trabas y escudos que yo había colocado estrategicamente, se fueron disipando y fui poco a poco quitando, paso a paso todo aquello que impedía a todo aquel que quería llegar a mi.
Ese día llegó de forma paulatina y de manera gradual y lo hice con aquella persona que no parecía venir a masacrar mi bien preciado, aquella que por alguna razón que aún no se, quería y quiere cuidar mi alma y protegerla.

Así poco a poco y con paso firme pero lento mi alma fue viviendo de nuevo, recuperando el pulso de todas las batallas perdidas y todas las brechas que alguien en algún momento ocasionó se fueron cerrando. Desde ese momento, mi alma ya sabe de quien protegerse pero ya no necesita nada que la proteja alrededor como escudo, valora más vagar libre y querida con heridas y batallas perdidas pero enriquecida en esencia.

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