Vivencias

Abrazo grande y reconfortante, tan dulce y tan verdadero.
Mirar esos ojos chispeantes y reír con tus ocurrencias.
Coger tus manos pequeñas y gorditas, pasar mis dedos por las marcas de tus palmas.
Mirar tu respiración cuando en lo oscuro del amanecer emprendía mi marcha.
Esperar tus viajes conteniendo las ganas de recibir ese abrazo que hacía días no recibía y disfrutar con los presentes que me traías.
Compartir numerosas noches de sueños y pesadillas.
Aprender de tu experiencia y combatir de la misma manera los golpes de la vida.
Poder ver la televisión con mi pierna apoyada en ti.
Ver el cariño que le dabas a aquel animalillo que formó parte de nuestra familia aunque siempre manifestaras padecer temor por esa clase de animales.
Observar el amor que profesabas a tus hijos y nietos.
Aprender a rezar contigo en las noches antes de posar mi cabecita en la almohada.
Comer picotas en las tardes de verano.
Viajar a la villa para comprar vestidos y zapatos.
Abrazarte para poder sentirme bien.
Estas y muchas otras cosas he realizado contigo y hecho mucho de menos.

Me has enseñado tantas cosas... que por mucho tiempo que yo tenga de vida nunca voy a poder agradecertelas de la manera que se merece.
Ya sabes, mi único pago es seguir queriéndote como siempre lo he hecho.
Hoy, Abuela te he recordado con may0r intensidad que un día cualquiera donde siempre me acompañas.

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