La Arena amada

Cogiendo la carretera que baja desde la rotonda de Soto del Barco vas camino de un pueblín que enamora los sentidos. Las primeras casas según entras en el pueblo muestran tranquilidad y sosiego a cualquier hora del día y es en las últimas horas del día donde los atardeceres se ven más anaranjados.
Mi pueblo hace unos años se ha convertido en un sitio de turismo, antes cuando era un poco más pequeña y los mayores contaban sus historias a todas aquellas personas que nos visitaban en la época estival los denominaba "bañistas" e incluso se les daba una misa para despedirlos y que sus regresos a casa y a la rutina del invierno fueron más llevaderos con una misa en la iglesia parroquial.
Pero, como bien sabemos todo cambia con el paso del tiempo. Si paseas por el arrabal barrio que se sitúa al comienzo de La Arena puedes ver como eran las casas de antes. Pequeñas construcciones de techos bajos, donde con toda seguridad una familia numerosa vivía y dormía apilada, haciendo de ese sitio un verdadero hogar. Algunas de ellas en la actualidad están abandonadas o se han reformado para pasar de ser un hogar humilde a una edificación moderna pero sin la esencia que tenían antaño.
Del otro lado, justo en la margen del río está la Bajamar, donde ahora se transita con ropa deportiva para poder hacer la senda que discurre fuera de los perímetros del pueblo. En la Bajamar en los días de sol el calor hace mella y los bancos se agolpan de hombres retirados que contemplan las mareas desde la quietud.
En la Bajamar hasta hace poco era muy característico ver los embarcaderos de madera donde los pescadores dejaban amarrados sus chalanos, construcciones que fueron castigadas por los tiempos y que dejaban ver sus esqueleto cuando la marea bajaba y se unía al mar ya en la punta de la barra.
Ahora se ha convertido en un puerto deportivo con sus pantalanes y hace que sea más un puerto de recreo que lo que en verdad era en años pasados.
Ya llegando a la rula un bonito edificio color azul y blanco, nos podemos detener en el barómetro y contemplar que tiempo nos predice según la presión atmosférica. Creo que algunos de los transeúntes ni siquiera saben que es eso que está en la pared encima de la ventana de una de las cafeterías del puerto y creen que forma parte del atrezo, pero no, cada vez que pasen deténganse y podrán ver lo que el barómetro predice en lo que a lo metereológico se refiere.
Una vueltecilla por la calle de la bajada a la rula, donde en la actualidad se sitúan los bares más transitados en La Arena y subimos hacia el parque.
Me parece extraño como llamamos desde bien pequeños el parque a la plaza del pueblo, antes estaba delimitada por un muro de piedra que a mi parecer hacía el parque más seguro para disfrutar de los juegos como el pañuelo, el bandidaje o el escondite. Los plataneros grandes hacían de escondite perfecto y te escondías en sus copas, entremezcándote entre sus fondosas ramas, ahora los veo más pequeños y mucho menos frondosos el tiempo también les ha pasado factura. Y los niños ya no juegan como antes. Tan solo dan vueltas cons sus bicicletas, bueno de hecho se puede ver una placa en las paredes de la iglesia que tan cómplice fue en los juegos de los niños de mi generación donde se puede ver PROBIBIDO JUGAR A LA PELOTA, aunque creo que los niños de ahora no lo respetan en exceso.
Me gusta sentarme en esos bancos, contemplar como todo cambia y comer lo que sea del quiosco emulando parte de esas tardes de infancia y juventud.
Los distintos barrios de La Arena guardan como pueden algo de antes y aunque edificios y terrenos han cambiado de aspecto yo y muchos seguimos viendo las mismas cosas.
Si sigues toda la general dejando el parque llegas a la playa una de las zonas que más ha cambiado. Antes podías llegar hasta la playa a ver la arena y poder oír el mar. Los bares de la playa eran en su mayoría de madera y unas carpas enormes hicieron "El Calor" como así se llamaba un chiringuito playero para la fiesta nocturna.
Si vienes a La Arena de visita, normalmente sus habitantes te recibirán con los brazos abiertos y su lenguaje te puede hacer dudar. Tenemos un vocabulario especial que en cierta medida nos hace únicos pero solemos acoger a los visitantes dejando abierta nuestra puerta de casa, enseñando lo que antes era el pueblo y sonriendo orgullosos de ser de donde somos, de ser arenesc@s.
Como en todo pueblo las habladurías, critiqueos y demás son una tónica habitual entre los habitantes aunque yo pienso que en este aspecto es una cosa que ya va en extinción. La gente más joven tiene otra mentalidad y otra forma de ser. De igual manera esto no hace que sea un mal pueblo, se trata de evaluar que tiene virtudes y defectos no es perfecto porque lo perfecto no existe.
Todo ha cambiado en estos 30 años, desapareciendo cosas, haciendo nuevas y la gente ya ha creado el habito de entremezclarse con los turistas en los meses de verano sin saber quienes son ni de quien son familiares.
Todos nos sentimos orgullosos de donde somos y procedemos pero yo creo que los arenesc@s más que ningunos.
La esencia se intenta perpetuar esperemos que nunca se acabe pero en muchas ocasiones añoro mi pueblo de antes, aunque adore a La Arena de ahora.Ven a visitarnos no te arrepentirás.




1 comentario:

Sola ante el espejo dijo...

Que bonito cariño! Te entiendo perfectamente porque somos vecinas. Tengo casa en Oviñana y tu para lo que necesites. Un beso corazon.
http://solaanteelespejo.blogspot.com.es/