Ojalá

Los colores y luces embellecen las calles que tiempo atrás estaban desiertas de atrezo. Siguen siendo las mismas calles pero vestidas de fiesta, unas fiestas que en muchos casos se esperan entrañables y llenas de amor y seguridad. Como cada fin de año te escribo para comentarte como ha sido mi caminar estos trescientos sesenta y tantos días... Bueno que decirte que ya no sepas por todas las veces que lanzo al viento mis pensamientos y mis reflexiones intentando que sean escuchadas, aún sin tener la certeza de que sea posible.
Un año plagado de cosas de todo tipo, unas buenas y otras no tan buenas, sucesivas subidas, bajadas, paradas, carreras repentinas... ya sabes el trajín tipico de nosotros los humanos, acostumbrados cada vez más a las prisas, a darle importancia a lo que no la tiene y cargando sobre nuestras espaldas pensamientos frustantes y negativos, que hacen que a veces nos vengamos a bajo quizás sin muchos motivos importantes para ello.
Yo por mi parte sigo lidiando con todo, intentando llegar a todas partes aunque a veces parezca no llegar a tiempo, ya sabes corriendo sin descanso para ver que todo está lo más en orden posible. Pero como no, a veces me canso y me detengo en el camino sin saber por cuánto estaré ahí parada. Parece, que me he acostumbrado a dejar que las cosas fluyan un poco más, no tener que medir el tiempo e intentar que mi cuadrícula se vuelva un poco más redonda, no sé... Ya sabes que las personas no cambiamos en exceso tan solo nos adaptamos a las circunstancias.
Lo que no ha cambiado es tu ausencia. Esa sensación fría que se clava como un puñal dentro de mi alma y que cada año hace que sienta más tu falta, y anhele poder hablarte y comentarte las cosas buenas que estoy viviendo, mis miedos ante las decisiones importantes o poder salir de compras como hacen muchas de las personas que conozco con sus madres.
¡Te fuiste demasiado pronto! ¡Me dejaste aquí sin ti tan rápido!
Aunque parece lejano el día de tu viaje me haces mucha falta y aunque el dolor de tu ausencia ya no duele como si me estuvieran arrancando el alma por dentro, te sigo necesitando mucho cada día.
Creo que nunca dejaré de sentir esa necesidad de tenerte a mi lado y aunque yo te hable daría lo que fuera por poder volver a verte y recibir ese abrazo que nunca más podré sentir.
Desde aquí solo deseo estar haciendo las cosas bien, intentar pensar que me recomendarías cuando las dudas me asalten  en mis decisiones y saber que siempre podré contar con tu amor.
Se acaba un año más que espero termine bien sin novedades y espero que el 2.013 no sea malo para mi ni los míos. Sabes bien que el "13" siempre nos ha traído suerte a ti, a papá y a mi y tan solo espero que siga siendo así  y que el año que en nada  que empezará traiga cosas buenas. ¿Me ayudarás a conseguirlo? Seguro que sí y que velaras porque todo sea bueno.
Te quiero mucho mamá y nunca te olvidaré, porque el amor de una madre es imposible de olvidar.




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