Cuando te miro a los ojos

En vuestras miradas distraídas ancladas en guerras pasadas, mi corazón se deshace.
Os miro y una ola de ternura me invade, pienso en la soledad al final del camino y muchas veces sin saber cuáles son vuestras circunstancias, vuestro carácter o vuestras acciones pasadas.
Para mi todos sois iguales, almas envejecidas que necesitan un abrazo, que apenas recuerdan como son los besos y que tienen recuerdos de tiempos jóvenes, pasando hambre día sí y día también y oyendo tiros y bombas al caminar por la calle.
Sé que no todos son iguales, pero al verles pasear por los parques, cargar con sus bolsas del supermercado a sus casas lentamente y sus conversaciones versadas en anecdotas pasadas, hacen que despierten en mi sentimientos de protección a raudales.
Me gusta escuchar sus experiencias, creo que son un libro enorme de sabiduría, un pozo de historia para todos los que aún nos queda mucho camino por recorrer. 
Aunque soy realista y se que son personas independientes, con todas sus diferencias, merecen mi respeto y no les veo para nada un estorbo como mucha gente piensa aunque no se atreva a decirlo en voz alta, creo que deberíamos valorarlos mucho más, para que cuando se vayan de nuestro lado, no nos lamentemos de no haberles hecho el suficiente caso o no haberles dado el justo espacio en nuestras vidas.
También pongo enfásis en el respeto hacia ellos aunque siempre basándome en que este respeto sea mutuo.
Desde aquí mi cariño para todos los viejecitos de nuestras sociedad, porque en cada uno de ellos veo a mi abuelo y abuela.


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